Diego Ruzzarin

Diego Ruzzarin

https://www.youtube.com/@DiegoRuzzarin

El canal de Diego Ruzzarin es un espacio de pensamiento crítico que toma el presente como materia prima. A partir de noticias, polémicas públicas, fenómenos virales o productos de la cultura popular, sus videos y directos no se quedan en el acontecimiento superficial, sino que avanzan hacia preguntas más incómodas: cómo se construyen nuestros deseos, qué ideologías se esconden detrás de lo que parece “sentido común” y por qué muchas narrativas contemporáneas que se presentan como rebeldes o disruptivas terminan reforzando el mismo orden que dicen combatir.

Lejos del análisis rápido o del comentario reactivo, el canal propone una lectura más profunda del mundo social. Aquí se cruzan la filosofía aplicada, la política, la economía, el psicoanálisis y la cultura digital para desmontar discursos sobre el éxito, la meritocracia, la libertad individual y el emprendimiento, mostrando sus límites, contradicciones y efectos materiales. La cultura del coaching, el marketing, las series, los memes y los discursos empresariales no aparecen como simples entretenimientos, sino como dispositivos que moldean subjetividades y legitiman formas específicas de poder.

El enfoque es abiertamente marxista y materialista, con una crítica constante al capitalismo y, en particular, al neoliberalismo como lógica que organiza no solo la economía, sino también la vida cotidiana, los vínculos y la forma en que nos pensamos a nosotros mismos. Más que ofrecer respuestas cerradas, el canal busca entrenar la sospecha, incomodar certezas y abrir espacio para el pensamiento propio.

El tono es directo, provocador y en ocasiones irónico, pero siempre orientado a una misma intención: salir de la comodidad de lo obvio y aprender a leer la realidad con mayor profundidad.

Breve biografía y trayectoria profesional

Diego Bolson Ruzzarin es diseñador industrial, emprendedor y divulgador. Nació en Brasil, proviene de una familia de origen italiano y ha desarrollado gran parte de su vida profesional en México, país en el que reside y desde donde produce la mayor parte de su obra pública. Su trayectoria combina mundo corporativo, pensamiento crítico y divulgación, articulados por una pregunta persistente: cómo se fabrican los deseos y qué fuerzas moldean la forma en que vivimos, consumimos y nos pensamos.

Su formación académica está anclada en el diseño y la industria alimentaria. Estudió Diseño Industrial en el Tecnológico de Monterrey y posteriormente realizó una maestría en Food Design en el Politécnico di Torino, en Italia. Esa combinación entre diseño, alimento y experiencia del usuario marcó la primera etapa de su carrera: comprender cómo se construyen hábitos, preferencias y decisiones de consumo desde la ingeniería del producto, el marketing y la psicología cotidiana. No se trataba solo de objetos o alimentos, sino de sistemas completos de sentido.

En el ámbito corporativo trabajó en industrias de gran escala, particularmente en el ecosistema de innovación alimentaria y desarrollo de producto. Uno de los hitos más citados de esa etapa es su paso por PepsiCo México, donde estuvo vinculado a procesos de investigación y desarrollo. Más adelante ocupó roles directivos en Enivrance, una agencia boutique enfocada en innovación y futuro de alimentos y bebidas, con presencia internacional. Esa experiencia le permitió observar desde dentro cómo las empresas convierten la necesidad en deseo, y el deseo en identidad, revelando los mecanismos simbólicos que sostienen el consumo masivo.

Con esa base, impulsó proyectos propios como Foodlosofía, concebido como consultoría y plataforma creativa, y Casa Nomo, orientado al diseño de experiencias. Sin embargo, con el tiempo, su interés se fue desplazando: del diseño de productos al diseño de preguntas. Comenzó a volcarse de manera más explícita a la reflexión pública sobre capitalismo, ideología, subjetividad y cultura contemporánea, primero en redes sociales y luego en formatos de conversación y transmisión en vivo de larga duración.

Su salto masivo en audiencias llegó cuando algunos de sus debates públicos se volvieron virales, consolidándolo como una voz reconocible dentro del espacio hispanohablante. Desde entonces, construyó una comunidad amplia y activa que lo sigue tanto por su crítica al discurso motivacional y al emprendedurismo superficial, como por su capacidad para traducir ideas complejas en ejemplos cotidianos, accesibles y provocadores.

En el plano ideológico, Ruzzarin se define abiertamente comunista y postcapitalista. Su pensamiento se nutre de tradiciones materialistas, de la crítica marxista, del psicoanálisis y de la filosofía moderna, marcos que utiliza para analizar fenómenos tan diversos como la política internacional, la cultura digital, el deporte, el anime, la estética o la tecnología. Más que ofrecer respuestas cerradas, su trabajo busca incomodar, erosionar certezas y entrenar una mirada crítica capaz de leer el mundo más allá de sus apariencias.

Incongruencias Pseudointelectuales
Un libro que confronta ideas “ruidosas” y superficiales del pensamiento contemporáneo y pone el foco en recuperar el hábito de pensar sin maquillaje: dudar, hilar argumentos y resistir el optimismo obligatorio. Es una puerta de entrada al estilo Ruzzarin: ironía, fricción y una invitación a abandonar frases hechas.

Cómo me enamoré de Sofía
Una obra íntima y filosófica que se aleja de la “historia de amor convencional”. Trabaja el deseo, la vulnerabilidad y la belleza de lo que no encaja en definiciones rápidas. Es un libro más emocional que polémico, pero igual de incómodo en el mejor sentido: obliga a mirar de frente lo que normalmente se evade.

40 Historias, 40 Días
Un libro de tono confesional y de viaje interior: relatos que exploran ego, miedo, absurdo, sorpresa y la incomodidad de lo real cuando uno sale del personaje. Funciona como un espejo: no busca complacerte, busca que te reconozcas.

Sus libros (en formato físico y, cuando aplica, en formato digital) se comercializan desde su tienda oficial dentro de su propia web.

https://diegoruzzarin.com

En Eutopía Digital nos interesa especialmente el trabajo de Diego Ruzzarin porque permite entender algo que suele quedar fuera del debate público: las incoherencias internas del liberalismo y las tensiones que atraviesan al sentido común contemporáneo. Más que posicionarse en la superficie de la discusión, su contenido invita a observar el andamiaje ideológico que sostiene muchas de las ideas que hoy se presentan como neutrales, inevitables o “naturales”.

El canal resulta valioso porque ofrece herramientas para pensar desde marcos que suelen ser caricaturizados o directamente silenciados. Ruzzarin no solo critica el capitalismo y el neoliberalismo, sino que explica, contextualiza y pone en diálogo tradiciones como el marxismo, el socialismo y el comunismo, permitiendo comprenderlas más allá de los estigmas con los que suelen aparecer en el discurso dominante. Esa comparación constante no busca adoctrinar, sino evidenciar qué presupuestos operan cuando se defiende un sistema económico como si fuera el único posible.

Uno de los ejes más potentes de su trabajo es la crítica al poder hegemónico y a la forma en que este se narra a sí mismo. Su lectura de Estados Unidos —al que denomina de manera provocadora “imperio decadente”— no se centra en la denuncia moral, sino en el análisis de sus contradicciones internas, su política exterior y su rol en la configuración del orden global. En ese mismo registro, su atención a la manipulación mediática y a la fabricación de consensos resulta especialmente útil para aprender a leer noticias, conflictos y discursos más allá de la superficie informativa.

Otro aporte poco común es su esfuerzo sostenido por explicar la complejidad del sistema político y económico chino, un tema frecuentemente reducido a simplificaciones o propaganda. Desde una mirada crítica pero interesada, Ruzzarin analiza el modelo chino, sus tensiones, logros y límites, y lo presenta como un caso clave para pensar alternativas al capitalismo occidental. Esa atención no es neutral: China aparece en su discurso como un objeto de estudio que admira, no por idealización, sino por su capacidad de romper con ciertos dogmas liberales.

Finalmente, recomendamos este canal porque no invita a la adhesión cómoda. Su propuesta no es “estar de acuerdo”, sino pensar mejor. Desarma dos anestesias muy extendidas: la del consumo, que promete identidad a través de objetos, y la del discurso motivacional, que individualiza problemas estructurales. Su experiencia real en industria y diseño le permite hablar de mercado, innovación y deseo sin ingenuidad ni romanticismo, conectando teoría con cultura popular sin subestimar al público.

Si buscas un espacio para afinar el pensamiento crítico, este canal funciona como un entrenamiento constante: entrar, encontrar una idea que incomode y, en lugar de reaccionar de inmediato, preguntarse por qué incomoda. Si ese gesto ocurre, el canal ya hizo su trabajo.

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